Se reflexiona sobre los tiempos establecidos por Dios, como el tiempo de plantar, cosechar y adorar. Se critica la mentalidad humana centrada en la obtención de dinero, y se promueve la idea de que al actuar con Dios se tendrán las provisiones necesarias.
Se reitera la frase "él les echó suertes y su mano les repartió a Cordel", sugiriendo que todo está determinado por Dios. Se enfatiza la importancia de vivir la bendición recibida y ser practicante de la palabra, no solo religioso.