La apertura económica, lejos de destruir empleo como se teme en Argentina, ha demostrado ser un motor de crecimiento en países como Polonia, Vietnam, Tailandia, China y Chile, donde se ha observado una explosión en la creación de puestos de trabajo.
En Chile, la apertura económica duplicó el empleo, mientras que en Taiwán y Vietnam se triplicó. Este proceso genera una reasignación de capital y flujos económicos que impulsan el desarrollo de todo el país.
Argentina, a pesar de ser un país rico en recursos como minería, energía y agricultura, no ha sabido aprovechar su potencial. La apertura y la atracción de inversiones generarían flujos económicos que estabilizarían el país, generarían capital y ahorro, y permitirían acceder al grado de inversión.