La policía de la ciudad continuaba trabajando en el Obelisco, donde los disturbios habían dejado una gran cantidad de vidrios rotos y escombros en la calzada.
A pesar de que la mayoría de la gente repudiaba los incidentes, una minoría revoltosa causó destrozos y arruinó la noche de festejo. El tránsito seguía interrumpido y los autos debían desviar su recorrido.
Se hizo un llamado a no naturalizar este tipo de violencia y a que la autoridad actúe con firmeza. Se señaló que en otros países las consecuencias serían mucho más severas para quienes generan este tipo de desmanes.
La situación en el Obelisco fue descrita como un despropósito, donde la alegría de los festejos se vio opacada por la violencia y el desorden.