La situación en el Obelisco se tornó violenta con manifestantes enfrentándose a la policía. A pesar de los refuerzos policiales, los disturbios continuaron con el lanzamiento de objetos y agresiones.
Se observó a la policía de la ciudad intentando establecer un cordón de seguridad y detener a los implicados. La escena fue descrita como caótica, con personas tirando botellas y enfrentándose directamente a los oficiales.
Hubo un debate sobre la respuesta policial y la calificación de "represión" por parte de algunos manifestantes, mientras otros defendían la necesidad de mantener el orden y actuar con firmeza ante los actos de violencia.
Se hizo hincapié en que este tipo de desmanes arruinan los momentos de celebración y generan un alto costo económico y social para la ciudad.