La policía de la ciudad de Buenos Aires avanzó para intentar controlar la situación en el Obelisco, donde continuaban los disturbios y el lanzamiento de botellas.
Se observaba a oficiales con escudos y motos policiales tratando de dispersar a los manifestantes. La escena era descrita como tensa, con continúa la tirada de botellas de vidrio.
Hubo un debate sobre la "batalla cultural" y la justificación de la violencia. Se criticó la actitud de quienes tiran botellas y se enfrentan a la policía, argumentando que en otros países las consecuencias serían mucho más severas.
Se hizo un llamado a no naturalizar estos actos y a que la autoridad policial actúe con firmeza para mantener el orden en el espacio público.