Valentina comparte el caso de su hijo Teo, diagnosticado con discapacidad a los tres años por dificultades de aprendizaje y relación social.
Tras probar diversas terapias sin éxito, la familia recurrió a la iglesia y al "agua viva", un elemento que, según su testimonio, obró una transformación radical en Teo, permitiéndole evolucionar, aprender a escribir su nombre y mejorar su comportamiento.
El cambio de Teo sorprendió a sus maestras y a la psicóloga del jardín, quienes notaron su notable progreso.