Millones de personas participaron en Teherán en el funeral del líder supremo iraní Ali Khamenei, quien falleció durante el primer ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. El gobierno iraní calificó la masiva convocatoria como una demostración de fe nacional y una señal política hacia Estados Unidos e Israel.
Durante la ceremonia, se observaron consignas contra Tel Aviv y Washington, incluyendo críticas a Donald Trump y Netanyahu, evidenciando la mezcla entre el dolor popular y las tensiones geopolíticas regionales. El funeral, que congregó entre 15 y 20 millones de personas, fue descrito como un acto movilizador y una demostración del dolor de un pueblo.
Los restos de Khamenei serán trasladados a santuarios chiítas en Irak. El gobierno iraní busca utilizar esta convocatoria masiva como una señal de cohesión en un contexto de alta tensión regional, interpretando el funeral como un homenaje al pasado y un mensaje político sobre el futuro del país.