Millones de personas participaron en Teherán en el funeral del Ayatolá Ali Khamenei, fallecido recientemente, en un evento que movilizó entre 15 y 20 millones de personas.
El gobierno iraní calificó la ceremonia como una demostración de fe nacional y cohesión, en un contexto de alta tensión regional. Durante el funeral, hubo consignas contra Estados Unidos e Israel, mezclándose el dolor popular con las tensiones geopolíticas.
Los restos de Khamenei serán trasladados a santuarios chiítas en Irak. Analistas señalan que estos funerales, si bien son un homenaje al pasado, también envían un mensaje político sobre el futuro del país.