El consumo de carne muestra un estancamiento con un crecimiento de apenas el 0,1%. A pesar de la estabilización del precio tras un período de aumentos, el consumo interanual se mantiene 5 kilos por debajo del año anterior.
La gente ha optado por alternativas proteicas más económicas como el pollo y el cerdo, lo que ha impactado en la demanda de carne vacuna. A pesar de la fuerte exportación, el consumo interno no repunta.