Cuba atraviesa una severa crisis económica y humanitaria que se prolonga por más de seis años. La inflación, los apagones constantes y el bloqueo energético han colapsado el sistema sanitario estatal, dejando hospitales y farmacias sin insumos básicos.
Ante esta parálisis, las iglesias (católicas, protestantes y otras) se han convertido en el último recurso para la población, especialmente para los ancianos. Dos veces por semana, cientos de personas acuden a las parroquias en busca de medicamentos esenciales que son imposibles de adquirir en el mercado formal debido a las miserables pensiones.
Las iglesias ofrecen no solo fármacos, sino también asistencia alimentaria y médica, transformando sus espacios en centros integrales de ayuda. A pesar de los desafíos, las congregaciones se mantienen firmes, demostrando la resiliencia del pueblo cubano y el creciente rol social de las instituciones religiosas en la isla.