Una creciente población de conejos se ha convertido en una plaga nacional en Australia, causando estragos en zonas urbanas y rurales, con consecuencias económicas y ambientales significativas.
En áreas residenciales como la periferia de Melbourne, los conejos provocan hundimientos en el suelo y daños a propiedades, obligando a los residentes a invertir miles de euros en medidas de protección.
En el campo, los conejos destruyen cultivos, contaminan pastos y ponen en peligro al ganado al cavar madrigueras que causan hundimientos en el terreno. Los daños económicos anuales superan los 120 millones de euros.
Se han implementado diversas medidas de control, incluyendo fumigación con monóxido de carbono y el uso de tiradores profesionales, pero la magnitud de la plaga dificulta su erradicación. El virus de la myxomatosis, que en el pasado eliminó a más del 98% de los conejos, está perdiendo eficacia debido a la resistencia genética desarrollada por los supervivientes.
Científicos trabajan en el desarrollo de nuevas cepas virales, pero el proceso es largo y costoso, requiriendo financiación gubernamental sostenida. La falta de acción y financiación podría llevar a una multiplicación de la población de conejos por 100 en un corto período.