Australia enfrenta una creciente plaga de conejos que transforma el paisaje, provoca hundimientos en zonas residenciales y causa estragos en el campo, amenazando la biodiversidad y provocando pérdidas económicas anuales superiores a 120 millones de euros.
Los residentes y agricultores implementan medidas como cercados, mallas y repelentes ultrasónicos, mientras las autoridades recurren a expertos para la fumigación de madrigueras con monóxido de carbono.
Los conejos también contaminan los pastos con orina y excrementos, haciendo que el ganado rechace el alimento y afectando a los agricultores. En granjas ecuestres, los hundimientos del terreno por las madrigueras ponen en peligro a los caballos.
La demanda de servicios de tiradores profesionales ha aumentado, pero los esfuerzos de control son insuficientes ante una población estimada en más de 200 millones de conejos.