Se relata el caso de un hombre intimado a jubilarse que lloraba porque no quería dejar de trabajar, a pesar de tener todos los requisitos cumplidos. Se reflexiona sobre la importancia de "soltar" y aceptar nuevas etapas.
Se contrasta esta situación con la de las mujeres que son madres más tarde, lo que puede llevar a que a los 70 años tengan nietos pequeños y deseen seguir trabajando.