El fenómeno de El Niño, que se produce cada dos a siete años, está intensificando sequías, olas de calor y tormentas a nivel global. Este fenómeno climático altera los patrones meteorológicos al debilitar los vientos alisios, lo que provoca que las aguas cálidas del Pacífico se desplacen hacia el este, elevando el calor en la atmósfera y afectando la circulación global.
Las consecuencias de El Niño incluyen condiciones más húmedas y tormentosas con riesgo de inundaciones en algunas zonas, mientras que otras pueden sufrir sequías y aumentar la probabilidad de incendios forestales. Las temperaturas medias globales tienden a aumentar, exacerbando los efectos del cambio climático y provocando catástrofes climáticas más frecuentes, destructivas y costosas.
Los científicos declaran oficialmente el fenómeno cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico Ecuatorial se elevan 0.5 grados centígrados por encima de la media durante varios meses consecutivos. El Niño representa un riesgo significativo que puede alterar los sistemas de abastecimiento de alimentos y agua, afectando especialmente a las poblaciones más vulnerables.