Ernestina Pais reflexiona sobre la figura de su madre, Milka Sanirra, una bailarina clásica estricta y disciplinada que, a pesar de la ausencia de una figura paterna fuerte, logró brindarles una infancia feliz.
Al tener a su propio hijo, Ernestina comprendió la importancia de la figura paterna y la inmensa labor de su madre para compensar esa falta, expresándole su admiración y gratitud.
Destaca que su madre la formó como una mujer capaz de sobreponerse a las adversidades, y menciona una conflictiva pero ya sanada relación con su hermana Federica.