Jennifer Domínguez expresó su desconfianza hacia el gobierno venezolano, al que calificó de "malvado, sin sentimientos, sin alma, sin patria, sin Dios". Ante la falta de respuesta oficial tras el terremoto, afirmó que no tiene otro lugar a donde acudir y que su familia se encuentra en el extranjero, a excepción de su hermana.
A pesar de las heridas físicas, visibles en sus manos y piernas, Domínguez considera que la herida más grande es la emocional y la de la tragedia. Relató que, aunque no se siente completamente sola al contar con el apoyo de familiares y vecinos, la situación es desesperante.
La sobreviviente atribuye su salvación a un milagro y a la fe en Dios, creyendo que tiene un propósito de vida para llevar este testimonio y fomentar la unión, solidez y empatía entre los venezolanos.