Se debate la creencia popular de que la expectativa de vida en la antigüedad era muy baja, alrededor de 35-40 años.
Se presentan ejemplos de longevidad en el pasado, como el de un abuelo que vivió más de 100 años y el de Santa Elena, quien a los 72 años emprendió un viaje a Jerusalén en el siglo IV.
Se sugiere que, si bien las epidemias causaban mortalidad, las personas que no las padecían podían tener una vida larga, contradiciendo la idea de una longevidad universalmente corta.