Se plantea la paradoja de un "país en llamas" donde la mayoría está indignada, pero el presidente Milei parece no estarlo. Quienes expresan su indignación son tildados de "conspiradores" o "golpistas".
Se cuestiona la autoridad de Milei para decir quién puede o no hablar en nombre de la gente, y se le acusa de apañar situaciones como la de Adorni, creyendo erróneamente en su inocencia.