Se continúa explicando el concepto de ganar almas para Dios, comparando el valor de un alma con todo el oro del mundo. Se enfatiza que al ganar una persona para Cristo, se asegura prosperidad en la eternidad, ya que el espíritu es eterno.
Se reitera la importancia de la oración de acuerdo y la fe en acción, aclarando que no se trata de pedir caprichos, sino de pedir conforme a la voluntad de Dios y conociendo a Jesús. Ganar un alma para Dios es un acto de gran valor, que asegura una recompensa eterna mucho mayor que cualquier riqueza material.