Se destacó el rol de los intercesores en el espíritu como colaboradores de Dios, capaces de arrebatar almas del infierno y llevar salvación. Se enfatizó que la oración en el espíritu no se centra en las necesidades personales, sino en Dios y Su obra, poniendo Sus propósitos en primer lugar.
Se señaló que la oración en el espíritu ayuda a esperar y permanecer firmes, incluso sin ver resultados inmediatos, y que transforma a los creyentes en instrumentos para que las tinieblas se corran y la obra de Dios avance. Se animó a glorificar a Dios por esta capacidad de intercesión.