Se insta a utilizar los dones espirituales, talentos y recursos para glorificar a Dios, en lugar de esconderlos o usarlos para beneficio personal. Se menciona el ejemplo de Moisés, a quien Dios usó con una vara, preguntándole qué tenía en sus manos.
Se anima a entregar a Dios las habilidades, profesiones y posesiones para el avance del reino y la edificación de la iglesia. Esconder los dones o usarlos para provecho propio es robarle a Dios, ya que todo nos ha sido confiado por Él.
Se enfatiza que fuimos creados, formados, salvados y llamados para servir y honrar al Señor, y que al usar lo que Dios nos ha dado para Su gloria, agradamos al Señor.