Se explican dos formas de glorificar a Dios: produciendo frutos abundantes, que se relacionan con parecerse a Cristo y manifestar los frutos del Espíritu (amor, gozo, paz, etc.), y ejerciendo los dones espirituales y talentos para el servicio.
Se utiliza el ejemplo de Joab, quien conquistó una ciudad pero llamó a David para que la corona se ciñera sobre el rey. Se insta a no quedarse con la gloria de las victorias, sino dársela a Jesucristo. Se advierte que esconder o usar los dones para beneficio personal es robarle a Dios, ya que todo nos ha sido confiado para su honra.