Se enfatiza la urgencia de predicar el Evangelio a todas las naciones como un mandato divino, advirtiendo que quedarse "encerrados en cuatro paredes" va en contra del propósito de Dios.
Se insta a pedirle a Dios preparación para poder predicar en todo lugar y momento, guiados por el Espíritu Santo, y se anuncia una oración para bendecir la vida de quienes deseen hacerlo, independientemente de su rol (evangelista, pastor, etc.).