Carlos relata su difícil infancia marcada por el rechazo debido a su condición de labio leporino, lo que lo llevó a ser rebelde, consumir drogas y tener problemas legales. Tras la muerte de su madre, se hundió en la tristeza, experimentando pensamientos suicidas y autolesiones.
Su vida dio un giro al asistir a una reunión de la Iglesia Universal, donde experimentó un alivio inmediato a sus dolencias físicas y un cese de los pensamientos negativos. Dejó atrás los vicios y la violencia, y tras bautizarse, recibió el Espíritu Santo, lo que le brindó paz interior y salvación.
Carlos ahora busca compartir esta "luz" con otros, invitando a la reflexión sobre la importancia de cerrar las puertas a la oscuridad y abrirse a la guía de Dios para una vida transformada. La Iglesia Universal ofrece encuentros para quienes deseen experimentar este cambio.