Se hace un llamado a la solidaridad para asistir a comunidades venezolanas afectadas por el terremoto que han quedado desasistidas, tanto por el gobierno como por organizaciones. Se enfatiza la necesidad de ayuda para estas zonas, que a menudo son pasadas por alto en comparación con las áreas más devastadas.
Profesionales de la salud, incluyendo técnicos cardiopulmonares y estudiantes de medicina, relatan sus experiencias brindando atención médica y contención emocional a los damnificados. Describen la precariedad de las condiciones de vida, la falta de servicios básicos y el impacto psicológico en la población, especialmente en los niños.
Se destaca la importancia de la solidaridad interprofesional y la respuesta de la juventud ante la catástrofe, así como la necesidad de que la ayuda llegue a todas las comunidades afectadas, no solo a las más visibles. Se subraya el trauma y la dificultad de la vida post-terremoto para las familias que lo perdieron todo.