Se destaca la importancia de ser agradecidos a Dios por las bendiciones recibidas, enviando un 'acuse de recibo al cielo'. Se menciona que la presencia gloriosa de Dios en la inauguración del templo por Salomón ocurrió cuando el pueblo estaba alabando y dando gracias al Señor.
Se insta a dar el crédito a Dios por todo, como lo hacía Pablo, quien atribuía sus logros al poder de Dios y no a sí mismo. Se contrasta con Moisés, quien al atribuirse el mérito de sacar agua, deshonró a Dios y no entró a la tierra prometida.
Se recuerda que se está vivo por la gracia y misericordia de Dios, y toda la gloria debe ser para Él. Se utiliza el ejemplo de Joab, quien al conquistar Rabá, llamó a David para que la corona se posara sobre el verdadero rey, enseñando a dar la gloria a Dios.