Venezuela se encuentra sumida en el dolor tras sufrir los terremotos más violentos en décadas. Las cifras oficiales reportan casi 2.000 muertos, más de 10.000 heridos y cerca de 16.000 personas sin techo, mientras que la ONU estima hasta 50.000 desaparecidos y 7 millones de damnificados.
El puerto de La Guaira funciona como morgue temporal y cientos de ataúdes esperan a ser identificados por familiares. Los sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, destruyeron o dañaron 58.870 edificios, con pérdidas materiales estimadas en 6.700 millones de dólares, un 6% del PBI venezolano.
A pesar del horror, historias como la de la familia Gallipolli, rescatada tras quedar atrapada en un hueco, brindan esperanza. Sin embargo, la mayoría de las historias no tienen un final feliz. Voluntarios y rescatistas de 27 países trabajan en la búsqueda, mientras la crisis humanitaria se agrava y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU solicita 50 millones de dólares para asistir a 500.000 personas.
La situación se ve empañada por la detención de cuatro agentes policiales que fueron sorprendidos robando dólares entre los escombros. El ministro del Interior prometió tolerancia cero ante estos actos. Mientras tanto, la esperanza de encontrar sobrevivientes se desvanece entre velas encendidas y el silencio del país.