Rusia ha expandido su control territorial en Ucrania, sumando 84 kilómetros cuadrados adicionales en el último mes, concentrados principalmente en la región del Donet y la ciudad de Konstantinovka.
Por otro lado, Ucrania ha intensificado sus ataques contra la infraestructura energética rusa, logrando daños considerables en refinerías de petróleo. Esto ha generado escasez de combustible en algunas zonas de Rusia, obligando al país a importar diésel por primera vez desde 1991.
La escalada del conflicto también se refleja en el aumento de víctimas. Al menos siete personas murieron y decenas resultaron heridas en nuevos bombardeos rusos sobre localidades ucranianas en las provincias de Odessa, Zaporiyia, Jersón, Járkov y Poltava. El presidente Zelensky destacó el éxito de los ataques ucranianos de largo alcance contra objetivos militares e industriales rusos.