La ayuda humanitaria en Venezuela tras el terremoto ha sido extremadamente lenta y deficiente, según testimonios de periodistas y ciudadanos. Se denuncia que los funcionarios públicos y los servicios de emergencia no han llegado a las zonas más afectadas, dejando a miles de personas atrapadas bajo los escombros sin asistencia.
Se critica duramente al gobierno de Nicolás Maduro, calificado de "delincuente", por la falta de equipamiento, preparación y la presunta corrupción que ha impedido una respuesta adecuada a la catástrofe. La población venezolana expresa su indignación ante la inacción gubernamental y la escasez de recursos básicos como medicamentos y alimentos, mientras las cifras oficiales de fallecidos son consideradas una subestimación de la realidad.