En Caracas, el Parque del Este se ha convertido en un centro de refugiados para unas 500 familias afectadas por el terremoto. Este espacio, antes dedicado a actividades recreativas, ahora alberga a personas que perdieron sus hogares o temen regresar a ellos.
Los ingenieros evalúan la habitabilidad de las viviendas, pero se estima que la investigación y los trabajos en la zona podrían extenderse por al menos tres meses, obligando a muchos a vivir en carpas improvisadas.
La situación de los refugiados es precaria, con incertidumbre sobre la duración de su estancia y las condiciones de vida. La falta de servicios básicos como agua potable y la escasez de recursos son preocupaciones constantes.