Se dirigen órdenes enérgicas en el nombre de Jesús para expulsar males y dolencias físicas, enfocándose en problemas de rodilla, inflamaciones en articulaciones, tendinitis, bursitis, y afecciones de la columna como hernias y osteofitosis.
La oración también aborda el desgaste en la cadera y males psicológicos o emocionales, ordenando su desaparición. Se invoca el poder del nombre de Jesús para erradicar todo tipo de dolencia, desde la cabeza hasta los pies.