Celia compartió su experiencia de sanación de un mioma y los dolores asociados, incluyendo hemorragias y malestares. Tras realizarse estudios, se le diagnosticó un mioma que le provocaba hemorragias y otros síntomas preocupantes.
Durante el propósito del "agua viva" en la iglesia, Celia pidió a Dios por su sanación y comenzó a usar el agua consagrada en su hogar. Tomaba el agua cuando sentía dolores, sufría hemorragias, mareos o malestares, determinando que Dios le devolvería la vida en su útero y la limpiaría de la dolencia.
Tras perseverar, Celia se realizó nuevos estudios y constató que ya no tiene el mioma, ni dolores, ni hemorragias, ni cólicos. Se encuentra completamente sanada, atribuyendo su recuperación a la fe y al uso constante del agua viva.