Nerina describe el hostigamiento y las amenazas que sufrió en su pueblo tras comenzar a hablar sobre el abuso grupal del que fue víctima.
Los agresores y sus familias intentaron silenciarla, enviándole mensajes y amenazándola. Incluso uno de ellos golpeó la ventana del auto donde ella se encontraba con amigos. La impunidad reinó durante nueve años, con comentarios como "la puta esa algo habrá hecho" por parte de los habitantes del pueblo.