El Cura Roquero reflexiona sobre la confesión y el amor de Dios, citando al Papa Francisco al describir el confesionario como un lugar de dispensación del amor divino, no una sala de interrogatorio.
Comparte su experiencia personal con el Papa Francisco, a quien conoció como Jorge Bergoglio y con quien mantuvo una relación cercana durante casi 20 años. Destaca la preocupación de Bergoglio por la realidad social y su interés en que el Cura Roquero se abocara al mundo.