Se destaca la importancia de ser pacificadores, aquellos que promueven la paz y la unidad en lugar de generar conflictos y divisiones, siendo esta una característica distintiva de los hijos de Dios.
Se insta a evitar las peleas y a cuidar los vínculos interpersonales, mostrando disposición para arreglar las cosas y ser un reflejo del carácter de Cristo, quien es el máximo pacificador.