Se reflexiona sobre la inmensidad de la tragedia en Venezuela, con 50.000 desaparecidos y la posibilidad de que la cifra de víctimas fatales, estimada en 10.000 por Estados Unidos, aumente considerablemente.
Se critica la actuación del gobierno venezolano, que prioriza el costo político y el impacto en las encuestas sobre la vida de las personas atrapadas bajo los escombros.
Se menciona la dificultad de los rescatistas para llevar a cabo su labor, ya que son controlados por las Fuerzas Armadas venezolanas, lo que genera indignación y bronca.