Noemí compartió la angustiante experiencia cuando su hijo fue diagnosticado con una enfermedad terminal, dejándolo con solo un 20% de posibilidades de vida según los médicos.
A pesar de la gravedad del pronóstico y la indicación médica de desconectar a su hijo, Noemí tomó la decisión de llevárselo del hospital y confiar en la intervención divina en el "templo". Allí, entregó a su hijo a Dios, y milagrosamente, él se recuperó y hoy es obrero de la iglesia.