Laura comparte su angustiante experiencia cuando su hija fue diagnosticada con un extenso absceso retrofaringeo multilocular, una infección grave que comprometía sus cervicales y podía extenderse a todo el cuerpo.
A pesar de la indicación médica de un tratamiento antibiótico y la poca esperanza brindada, Laura, miembro de la Iglesia Universal, utilizó el "agua viva" y la fe, confiando en las promesas divinas de sanación.
Para asombro de los médicos, tras 16 días de tratamiento y fe, una nueva tomografía mostró una reducción de la infección superior al 50%. Los estudios posteriores confirmaron la mejoría total, eliminando la necesidad de una operación de amígdalas que se había previsto.