La guerra en Sudán, que ya supera los tres años, ha provocado no solo miles de muertes y millones de desplazados, sino también un grave deterioro ambiental. La ONU califica la situación como la peor crisis humanitaria del mundo.
La destrucción de bosques, el colapso de sistemas urbanos y los daños a la infraestructura industrial han profundizado el impacto del conflicto. La deforestación, la contaminación del agua, suelo y aire, junto con la paralización de sistemas de saneamiento, agravan la crisis y facilitan la propagación de enfermedades.
Con la infraestructura ambiental destruida y miles de minas dispersas, Sudán enfrenta un complejo proceso de recuperación mientras los combates continúan.