Santiago relata cómo su padre, afectado por EPOC, sufría severos ataques de tos nocturnos que lo dejaban sin aire y generaban gran preocupación en la familia.
Aunque Santiago ya asistía a la Iglesia Universal, reconoce que no aplicaba su fe de la manera correcta. Sin embargo, al usar el "agua viva" en las bebidas y comidas de su padre, y con perseverancia, notó una notable mejoría.
Actualmente, su padre ha dejado de fumar, duerme tranquilo por las noches y ya no sufre los episodios de tos que lo aquejaban. Santiago atribuye esta curación a la fe y al uso del agua viva.