Se argumenta que, si bien el periodismo deportivo tradicional es importante, el contenido de entretenimiento y la cobertura de figuras como Pampita también tienen su público y atraen a las marcas. Se defiende que cada figura aporta un enfoque diferente para seguir el Mundial.
Se sugiere que las críticas a esta forma de cobertura podrían ser repetitivas y que hay espacio para ambos enfoques, dado que las marcas invierten en lo que les resulta rentable.