Se critica duramente al periodismo deportivo, calificándolo de "plaga" y señalando la corrupción existente en el ámbito. Se argumenta que hay un exceso de periodistas que repiten la misma información, vistiendo de manera similar y careciendo de originalidad.
Se cuestiona la calidad y la ética de muchos periodistas deportivos actuales, sugiriendo que su enfoque se ha vuelto mediocre y que su principal interés parece ser el consumo de productos como "rondillos de ricota". Se plantea que esta situación afecta negativamente la credibilidad del periodismo en general.