La adoración congregacional es fundamental para lograr la plenitud del Espíritu. Una persona llena del Espíritu está llena de adoración y celo evangelístico.
Cuando la iglesia se reúne para cantar y adorar, Cristo se manifiesta y se une a la adoración del Padre. Esto libera el espíritu profético y glorifica a Dios. Es crucial no despreciar los tiempos de adoración y llegar a horario a los cultos.