La plenitud del Espíritu Santo no se logra solo con una oración o imposición de manos, sino obedeciendo lo que la Biblia nos enseña. Es imposible alcanzarla si no nos congregamos y conectamos con la iglesia.
El alejamiento de la iglesia afecta la vida del espíritu en el creyente. Al reunirnos, debemos honrar a Dios con nuestras conversaciones y canciones, cantando la palabra y participando activamente en la adoración congregacional.