Uruguay buscaba desesperadamente el empate, pero sus intentos ofensivos se veían frustrados por la defensa española y la falta de precisión en el último toque. Los comentaristas señalaron la impericia del equipo uruguayo en la definición.
España, por su parte, continuaba generando oportunidades de contraataque, aprovechando los espacios dejados por Uruguay. A pesar de haber tenido chances para ampliar la ventaja, el marcador se mantenía 1-0, dejando el partido abierto hasta el final.