Europa, especialmente Francia, sufre una ola de calor extremo con temperaturas superiores a los 47 grados, que no descienden por la noche, provocando una crisis sanitaria. Se reportan 40 ahogados por intentos de refrescarse en lugares no permitidos y carreteras que se derriten.
En París, la falta de aire acondicionado (solo presente en un 10% de los lugares) se agrava por la resistencia cultural a su uso, especialmente entre la población mayor. Esto ha llevado a la saturación de hospitales y a la convocatoria de personal médico de vacaciones. Se teme una repetición de la crisis de 2003, donde murieron 15.000 personas.
A pesar de las medidas ecologistas implementadas, como techos de árboles y fachadas vegetales, la situación es crítica. El alcalde de París, perteneciente al partido verde, ha anunciado un aumento de muertes, especialmente en hogares. Se registran picos de 1.500 personas en urgencias diarias y fallos orgánicos debido a la persistente temperatura alta.
El presidente Macron ha reconocido la gravedad del pico de calor, sin precedentes históricos, y ha anunciado inversiones en climatización para colegios y geriátricos. Sin embargo, la resistencia cultural y la falta de preparación de la infraestructura de refrigeración en Francia plantean un desafío significativo para afrontar la crisis climática.