Se aborda la obra del Espíritu Santo en el creyente, explicando que es un "sello" o marca que Dios pone en aquellos que son sus hijos, indicando propiedad divina. Ya no se es "hijo de las tinieblas" sino "hijo de Dios", identificado por el Espíritu Santo en el corazón.
Se menciona que el Espíritu Santo es una garantía de que Dios cumplirá sus promesas, incluyendo la salvación definitiva y la liberación del poder del pecado, así como un anticipo de las bendiciones celestiales. Se resalta que el Espíritu Santo habita en el creyente, haciendo del cristiano un "templo del Espíritu Santo".
Se enfatiza que el cuerpo del cristiano, al albergar al Espíritu Santo, debe ser dedicado a honrar y agradar a Dios, evitando la contaminación. Se aclara que el Espíritu Santo es un regalo para quienes obedecen a Dios, y se detallan los requisitos bíblicos para recibirlo: oír el Evangelio, creer, arrepentirse, confesar a Cristo y bautizarse.