La Biblia enseña que el Espíritu Santo puede poseer al creyente, tal como ocurrió con Jefe y Gedeón. Para recibirlo, es necesario obedecer los requisitos establecidos por Dios para la salvación.
Una persona llena del Espíritu Santo se caracteriza por estar completamente guiada y dirigida por Él. Además, manifiesta los frutos del Espíritu y se somete a las Escrituras, ya que estas fueron inspiradas por el Espíritu.