Se profundiza en el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, mencionado por Juan el Bautista. Este fuego es símbolo de la acción purificadora del Espíritu, que elimina lo que no es de Dios, como la escoria en la purificación del oro.
Se distingue entre el fuego que consume y destruye (castigo) y el fuego que purifica y santifica. La Biblia, en Malaquías, describe al Espíritu como un fuego refinador que prepara al creyente para servir mejor a Dios.