El sexto bautismo bíblico es el bautismo de fuego, que se refiere al juicio final de los incrédulos en el infierno. Este fuego es una descripción metafórica del castigo eterno para aquellos que pecan y no se arrepienten.
Se contrasta este fuego destructor con el fuego purificador del Espíritu Santo. Mientras un fuego puede llevar al infierno, otro fuego santifica, capacita y purifica al creyente, preparándolo para servir a Dios. La Biblia advierte sobre las consecuencias de seguir pecando y la importancia de arreglar cuentas con el Señor para evitar un juicio terrible.